La adaptación a las posibles consecuencias que la crisis climática pueda tener sobre la vitivinicultura, entre otros aspectos, pasa por la utilización de recursos genéticos vitícolas disponibles. En ese sentido adquieren absoluta vigencia los proyectos encaminados a indagar en el reconocimiento de la diversidad existente en los viñedos de más edad, a preservar las variedades ancestrales y la utilización de esa diversidad.
Posibles escenarios agroambientales cambiantes, restricciones autoimpuestas en la lucha contra las principales a enfermedades y el cambio modal en el gusto de los nuevos consumidores, entre otros factores, determinan reglas de juego distintas.
En el contexto agronómico actual algunas variedades que fueron desplazadas y relegadas en el pasado en las comarcas del ámbito de actuación del proyecto Vitisad II, pueden aportar caracteres productivos que es necesario evaluar. A esta recomendación va unido el consejo de ensayar otras nuevas, adoptando viníferas exógenas a la comarca, mediante el intercambio de estos materiales entre los participantes en el proyecto a ambos lados de los Pirineos.
En este sentido la línea delimitada por la cordillera pirenaica define en la actualidad una frontera nítida y clara que separa los estados de España y Francia. Pero este concepto contrasta con la permeabilidad que desde el punto de vista político, histórico, cultural e incluso lingüístico ha demostrado esta zona en tiempos pretéritos. Los núcleos de población asentados en las estribaciones del prepirineo y las depresiones pirenaicas, en ambas vertientes, que producen vino desde tiempos muy remotos, han resultado ser un refugio de aspectos culturales y desde el punto de vista vitícola se han convertido en un reservorio genético, que sin duda merece la plena explorar.
En este sentido la caracterización de estos antiguos materiales desde el punto de vista fenológico, ampelográfico, así como determinar las caracteres productivos y enológicos de estas viníferas en comparación con las tradicionalmente utilizadas en la comarca, se antojan tareas imprescindibles a llevar acabo para evaluar su posible adaptación. Para este propósito se plantea la instalación de dos parcelas conservatorio, en Francia (Béarn) y España (Navarra), con variedades seleccionadas en el marco del proyecto Vitisad II. Estos conservatorios permitirán preservar el patrimonio genético de la vid, pero también podrán servir de base de experimentación para inscribir variedades en los catálogos nacionales de variedades de vid, o para estudiar variedades en un contexto climático distinto al de su origen.
Caracteres que se han considerado en la elección de las variedades seleccionadas al objeto de catalogar la adaptabilidad de las variedades:
- Posible vinculación histórica y/o relaciones de parentesco entre variedades.
- Duración del ciclo de vegetativo.
- Duración del ciclo madurativo.
- Contenido de azúcar (y por lo tanto de alcohol potencial).
Las variedades comunes que se conservarán en Navarra (Conservatorio de Olite) y en los Pirineos Atlánticos son las siguientes:
- Aubun
- Benedito
- Berues
- Castets
- Graciano
- Maturana Blanca
- Tortozona Tinta-Hijarol
- Arrouya
- Musa
- Claverie
- Courbu Noir
- Xurra
- Gros Manseng
- Guillemot
- Lercat
- Pé de perdrix
- Tannat